jueves, 9 de julio de 2009

De Mascotas y otras compañias...


Le importaba un carajo lo que dijesen. Tenía demasiados años a la espalda como para no haber aprendido a obviar cualquier comentario ajeno con ánimos dolientes. Al que no le guste que no mire, repetía una y otra vez.

Lo cierto es que cuando salía a pasear a Boolan muy pocas personas se atrevían a atravesar la barrera de la sorpresa 1º y del miedo después; cuando le preguntaban que si mordía, Lisbon decía eso de "Pues hombre, todo depende de lo mucho o poco que le toques la moral. Como a ti o como a mí, vamos".

Había quienes, aún así, decidían aventurarse e intentar hacerse amigo del animal. En el fondo, Boolan era un mimoso de cuidado y disfrutaba restregandose ante cualquier mano tendida que rozase su áspero lomo.

Su caracter, inadvertido a simple vista y casi contrario a su adn, había sido modificado, como ocurre en tantos y tantos casos, por los estímulos y la educación ambiental.
El caso de Boolan era aún más exagerado y su sociabilidad había alcanzado los límites del manierismo amoroso. Era incapaz de dormirse sin recibir un "buenas noches" de su amo, al igual que renegaba de masticar trozos de carne más grandes de cinco centímetros. "Pero venga Boo, con esa mandíbula estupenda que tienes podrías comerte una vaca entera y me rechazas este cachito?"

Nadie lo sabía, ni siquiera el propio Lisbon, pero a las 00:00 de cada jueves, Boolan quedaba en el lago con Ketty, un cisne gris perla mucho más joven que él. Les daba vergüenza decir que eran novios pero lo cierto es que las caricias que se regalaban y las muchas horas que pasaban en silencio eran obvios indicios del idilio entre ambos.Les encantaba ponerse junto al nogal central, rodeados de fotosíntesis y tupidas copas que les hacía creer estar en una cabaña.
Aún les quedaban muchos amaneceres por contemplar. No había prisa de nada.
Al otro lado de la pradera, Lisbon se esforzaba en aullentar las moscas que se posaban, una y otra vez, en su engangrenada pierna. Al que no le guste que no mire.

Ilustración: © Ana Himes