
Es la capacidad de manipular: Obrar estrategicamente y subrepticiamrente para conseguir lo que queremos. Aqui,una invitacion a no utilizarla.
Tal vez seas una excepcion. Pero te pido que me permitas generalizar. Todos tenemos una araña interior. En algunas personas es màs pequeña que en otras, pero en todos nosotros habita, como parte de nuestro equipo instintivo: lo más antiguo del cerebro humano guarda huellas de todos nuestros ancestros animales. Sólo que con frecuencia su expresión es más sutil, formateada por nuestro proceso de socialización. Quizás te hayas vísto tejiendo su tela... o resultarás haber sido una incauta mariposa paralizada enrte los invisibles hilos, en su historia sin saber por qué no podías volar...
Sí: la araña interior es la que dirige nuestros actos de manipulación, aunque sean "inofensivos"; y más aún cuando están tejidos subrepticiamente con la plena intención de digitar la conducta de otro. El instinto impulsa a la araña a buscar algún lugar recóndito desde donde su tela pase inadvertida. Para ello, observa el entorno y, desde la inteligencia de su vientre, hace un càlculo certero: "Si fijo un punto aquí, el otro allí, y los voy uniendo así, tenderé mi red para atrapar aquello que me permita seguir viva". Sepamos esto: la araña no caza... espera! Todo su accionar esa puesto en calcular la estrategia para que su presa caiga en su red. Bien: con esa misma astucia obra en el animal humano la tendencia a la manipulación. Veamos...
"Manipular" remite a una expresión que has de conocer desde el idioma italiano(relacionada, justamente, con la maffia) mani pulite= manos limpias. Y este ligamen teimologico resulta muy apropiado, pues quien manipula no "se ensucia las manos· al obrar, sino que lo hace en forma directa; más bien es como quien juega al billar o al pool: le pega con el taco a la bola A, para que impacte en la bola B; pero su objetivo no es la bola B, sino la bola C, al ser impactada por la B, caiga en el hoyo. Si la bola C fuera un ser viviente que ni se imaginara que era ella el inicial objetivo del jugador, y que el impacto en la bola A le estuiviera certeramente destinado. Es más: puede que hasta se sintiera estúpida por haberse caído por el agujero (como suele sucederle a quien es presa de una manipulador). "Soy tan torpe, siempre ando tropezándome!". O biuen que, justo cuando la bola B estuviese por tocavrla, esa pobre bola C "decidiera" arrojarse dramáticamente por el negro hoyo, desapareciendo para siempre. ¿¿ Qué "decisión"?? La desición fue del jugador, quien ya tenía calculado quitarla del juego... sin siquiera "ensuciarse las manos" (mani pulite!).

A veces quien ejerce su araña interior lo hace simplemente para regocijarse primitivamente de su poder sobre los demás, satisfaciendo sus deseos. Si es necesari, para ello puede mentir tanto como esa araña que arroja al aire una bolita de tela impregnada con una imitación de feromonas de polilla, - que ella misma fabrica cen su vientre -. Enamordada, la polilla se siente atraída por ese seudo - olor de su propia especie, y queda fatalmente adherida a la bolita de tela. Sin embargo... quizás la manipulación del artero y mentiroso no sea, no obstante, la más peligrosa, pues gheneralmente alguien en el entoprno conocerá la condición aracnoide del manipulador en cuestión, y es posible que la vístima reciba ayuda para en algún momento darse cuenta y liberarse. La manipulación más peligrosa, en cambio, puede ser la de quien cree ejercerla "para nuestro bien", sin malicia. Cuando esto nos sucede, detectar esos hilos tan dinos es una verdadera proeza, pues es posible que cuando decidamos cortarlos sintamos que somos ... unois desagradecidos! Y es que3 la red estará tejida con los filamentos neuronales de la culpa. ¡Cuanto trabajo por hacer! Sin embargo... a no desesperarse: desarrollar la habilidad para destejarla nos ofrece, justamente, un camino hacia el despertar de la conciencia de sí. Luego veremos qué hacer con la araña que nos haya envuelto tan "amorosamente". Pero, sobre todo, habremos aprendido qué hacer con la propia araña internacada vez que tienda a manipular la vida de otro, en pequeñas o grandes cosas. Agradezcámosle a esa parte profunda su impulso por participar en la vida... pero digámosle con claridad que hemos elegido ser directos para expresar lo que pensamos o queremos, en vez de tejer cualquier tela. ¡ Qué bello quie, teniendo inteligencia para manipular, elige no hacerlo! Bendito sea.
Virginia Gawel, para la revista "Uno mismo"